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Karol Wojtyla beato. “Contemplarán al que traspasaron”

1 de Maio de 2011

Reproduzo um artigo muito bom de Sandro Magister, publicado hoje no Chile.

Karol Wojtyla beato. “Contemplarán al que traspasaron”

Hoy lo admiran casi todos. Pero en vida fue hostigado y despreciado por muchos, también dentro de la Iglesia. Su santidad es la misma de los mártires. Su beatitud es la misma de Jesús en la cruz

por Sandro Magister

ROMA, 1 de mayo de 2011 – En los últimos años, decía de sí mismo en lengua polaca: “Soy un biedaczek, un pobre tipo”. Un pobre viejo enfermo y extenuado. Él, que era tan atlético, se había convertido en el hombre de los dolores. Sin embargo, precisamente en ese momento su santidad comenzó a brillar, dentro y fuera de la Iglesia.

Antes no, Karol Wojtyla fue admirado más como héroe que como santo. Su santidad comenzó a conquistar las mentes y los corazones de tantos hombres y mujeres de todo el mundo, cuando él entendió lo que Jesús había profetizado para la vejez del apóstol Pedro: “En verdad te digo: cuando eras joven te vestías tú mismo e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo extenderás tus manos y otro te vestirá y te llevará adonde no quieras”.

Al ser ahora proclamado beato, Juan Pablo II revela al mundo la verdad de la frase de Jesús: “Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos”.

Él no irradió santidad a la hora de sus triunfos. Los numerosos aplausos que recogió cuando recorría el mundo a ritmos impresionantes eran demasiado interesados y seleccionados para ser sinceros. El Papa que hizo que se derrumbara la cortina de hierro fue una bendición a los ojos de Occidente. Pero cuando se batió en defensa de la vida de cada hombre que nace en esta Tierra, en defensa de la vida más frágil, más pequeña, la vida del recién concebido pero cuyo nombre ya está escrito en el cielo, entonces pocos lo escucharon y muchos sacudieron la cabeza.

La historia de su pontificado ha sido generalmente de luces y sombras, con fuertes contrastes. Pero su perfil dominante, durante muchos años, no ha sido el del santo, sino el del combatiente. Cuando en el año 1981 estuvo al borde la muerte, atacado no se sabe bien todavía por qué, el mundo se inclinó reverente. Observó el minuto de silencio, para retomar inmediatamente después la vieja música, poco amiga.

Muchos desconfiaban de él también dentro de la Iglesia. Para muchos era “el Papa polaco”, representante de un cristianismo anticuado, antimoderno, de pueblo. De él no vislumbraban la santidad sino la devoción, que no congeniaba con quien soñaba un catolicismo interior y “adulto”, tan amigablemente inmerso en el mundo hasta tornarse invisible y silencioso.

Sin embargo, poco a poco, de la corteza del Papa atleta, héroe, combatiente y devoto comenzó a revelarse también la santidad.

Fue el Jubileo, el Año Santo del 2000, el momento del viraje decisivo. El Papa Wojtyla quiso que fuese un año de arrepentimiento y de perdón. El primer domingo de Cuaresma de ese año, el 12 de marzo, ofició ante los ojos del mundo una liturgia penitencial sin precedentes. Por siete veces, simbolizando los siete vicios capitales, confesó las culpas cometidas por cristianos durante siglos, y por todas ellas pidió perdón a Dios. Exterminio de los herejes, persecuciones contra los judíos, guerras de religión, humillación de las mujeres… El rostro doliente del Papa, ya signado por la enfermedad, era el ícono de ese arrepentimiento. El mundo lo observó con respeto, pero también con desdén. Juan Pablo II se expuso, inerme, a bofetones y a gestos de burla. Se dejó flagelar. Hubo quienes pretendieron que él formulara siempre otros arrepentimientos, también por culpas ajenas. Ante todas estas cosas él se golpeaba el pecho.

Pero es cierto que jamás pidió públicamente perdón por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes sobre niños pequeños. Pero ni siquiera se recuerda que alguien haya saltado alguna vez sobre él en el año 2000 para reprocharle esta omisión. El escándalo no era tal todavía, para los distraídos maestros de opinión de entonces. Hoy sí, los mismos que en ese entonces callaron lo acusan por ese silencio, lo acusan de haberse dejado enredar por ese sacerdote indigno que fue Marcial Maciel. Pero son acusaciones póstumas que destilan hipocresía.

Para comprender qué es lo que había de verdadero en la santidad de ese Papa hubo millones y millones de hombres y mujeres que en la hora de su muerte le han tributado el más grandioso “gracias” colectivo jamás dado a un hombre en el último siglo. Los jefes de Estado y de gobierno de casi doscientos países que llegaron a Roma para sus exequias lo hicieron también porque no pudieron sustraerse a esa oleada de afecto que invadió el mundo.

Pero ese Jubileo suyo del año 2000 Juan Pablo II quiso que fuese también el año de los mártires. Los innumerables mártires, muchos sin nombre, asesinados por odio a la fe en ese “Dominus Iesus” que el Papa quiso reafirmar como único salvador de todos, para los muchísimos que estaban olvidados.

Y el mundo intuyó esto: que en la figura doliente del Papa estaba la bienaventuranza prometida por Dios a los pobres, a los afligidos, a los hambrientos de justicia, a los que obran la paz, a los misericordiosos. El Papa burlado, hostigado, sufriente, el Papa que de a poco perdía el uso de la palabra compartía el destino que Jesús había anunciado a sus discípulos: “Bienaventurados sean cuando los insulten, los persigan y, mintiendo, digan toda clase de maldades contra ustedes por mi causa”.

Las bienaventuranzas son la biografía de Jesús y, en consecuencia, de quienes lo siguen con un corazón puro. Son la imagen del mundo nuevo y del hombre nuevo que Jesús ha inaugurado, el desplome de los criterios mundanos.

“Contemplarán al que traspasaron”. Al igual que en la cruz, muchos ven hoy en Karol Wojtyla beato un anticipo del paraíso.

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Pe. Virgílio Antunes, novo Bispo de Coimbra

28 de Abril de 2011

Mensagem do recém-nomeado bispo de Coimbra, divulgada pelo Santuário de Fátima

SAUDAÇÃO AO POVO DE DEUS DA DIOCESE DE COIMBRA

O Santo Padre Bento XVI acaba de me nomear bispo de Coimbra. A Sua Santidade o Papa asseguro a comunhão no ministério e a cooperação fiel em ordem à construção da Igreja de Jesus Cristo, de cuja unidade é o sinal visível, e peço que me confirme na fé católica e apostólica.

Nestas circunstâncias muito especiais, quero dirigir-vos uma saudação fraterna e manifestar a minha plena disponibilidade para ir ao vosso encontro na realização da missão que a Igreja de Deus me confia.

Nesta saudação incluo todos os membros da porção do Povo de Deus, que é a diocese de Coimbra: os presbíteros, diáconos e seminaristas; os religiosos, religiosas e membros de institutos seculares; a grande multidão de leigos de todas as condições.

Dirijo-vos uma palavra especial, a vós, jovens, rapazes e raparigas, cheios de sonhos de uma vida grande e bela, que hoje encontrais tantos obstáculos à vossa realização. Convido-vos a procurar em Cristo, o vosso companheiro de todas as horas, a alegria e a esperança que buscais. Espero encontrar-vos frequentemente e dedicar-vos parte significativa da minha acção pastoral.

Ao senhor D. Albino Cleto e ao senhor D. João Alves envio um forte abraço, sinal da grande admiração pelo testemunho de fé e de amor à Igreja, que têm dado. Reconheço o trabalho que realizaram nos longos anos de ministério e agradeço a amizade que têm manifestado para comigo.

Respeitosamente saúdo as autoridades autárquicas, académicas, civis e militares presentes na área da diocese de Coimbra, augurando a mais frutuosa mútua colaboração. Cumprimento afectuosamente todos os membros das outras Igrejas Cristãs, os que professam outras religiões e todos os homens e mulheres de boa vontade.

Quando penso no convite que a Igreja acaba de me fazer e na aceitação que manifestei, volto sempre às convicções, já remotas, que me fizeram avançar no caminho da vida cristã e da vocação sacerdotal. Recordo que nos anos da juventude me deixei seduzir por Cristo, considerei que Ele era o “tudo” da minha vida e teria em mim o primeiro lugar. Desejei, desde então, estar disponível para servir onde a Igreja precisasse de mim. Procurando ser fiel ao Deus que me amou e que agora me chamou a um novo serviço, consciente das limitações e dificuldades, canto agradecido os seus louvores.

À Igreja de Coimbra une-me uma já longa ligação, desde o tempo em que aí fiz a minha formação teológica, até aos anos mais recentes de docência no Instituto Superior de Estudos Teológicos. Ao olhar para a Igreja que sou chamado a servir, gostaria de vos dizer que, a partir da fé na presença operante do Espírito Santo, vislumbro nela uma imensidão de potencialidades. Temos a graça de viver num tempo de grandes desafios à fé cristã e ao testemunho vivo de todos os membros da Igreja. Vejo diante de nós os desafios da nova evangelização, que nos pedem um novo entusiasmo e um novo fascínio pela pessoa de Jesus Cristo, o Evangelho que acolhemos e anunciamos. Confio no vigor da vossa fé, no vosso amor a Cristo e à sua Igreja; em comunhão uns com os outros e com Deus, podemos dar ao mundo novas sementes de esperança.

Pedi a Deus por mim, para que a minha presença no meio de vós constitua um serviço à fortaleza da vossa fé, um incentivo aos laços de comunhão eclesial.

Aqui, na Capelinha das Aparições, no Santuário de Fátima, confio a Nossa Senhora a vida e o ministério, nesta nova etapa da minha entrega à Igreja. Peço-lhe que interceda por mim e por vós, junto do Deus, Santíssima Trindade, que adoramos.

Santuário de Fátima, 28 de Abril de 2011

P. Virgílio do Nascimento Antunes

La sorpresa de Pascua

26 de Abril de 2011

(Nota: Subrayados míos.)

DE LA ENTREVISTA A BENEDICTO XVI EN LA TV ITALIANA

Viernes 22 de abril de 2011

P. – Santidad: ¿Qué hizo Jesús en el tiempo que separó a la muerte de la resurrección? Y, ya que en el Credo se dice que Jesús después de la muerte descendió a los infiernos: ¿Podemos pensar que es algo que nos pasará también a nosotros, después de la muerte, antes de ascender al Cielo?

R. – En primer lugar, este descenso del alma de Jesús no debe imaginarse como un viaje geográfico, local, de un continente a otro. Es un viaje del alma. Hay que tener en cuenta que el alma de Jesús siempre está en contacto con el Padre, pero al mismo tiempo, este alma humana abraza hasta los últimos confines del ser humano. En este sentido baja a las profundidades, hasta los perdidos, hasta todos aquellos que no han alcanzado la meta de sus vidas, y trasciende así los continentes del pasado.

Este descenso del Señor a los infiernos significa, sobre todo, que Jesús alcanza también el pasado, que la eficacia de la redención no comienza en el año cero o en el año treinta, sino que llega al pasado, abarca el pasado, a todas las personas de todos los tiempos.

Dicen los Padres de la Iglesia, con una imagen muy hermosa, que Jesús toma de la mano a Adán y Eva, es decir a la humanidad, y la encamina hacia adelante, hacia las alturas. Y así crea el acceso a Dios, porque el hombre, por sí mismo, no puede elevarse a la altura de Dios. Jesús mismo, siendo hombre, tomando de la mano al hombre, abre el acceso. ¿Qué acceso? La realidad que llamamos cielo. Así, este descenso a los infiernos, es decir, a las profundidades del ser humano, a las profundidades del pasado de la humanidad, es una parte esencial de la misión de Jesús, de su misión de Redentor y no se aplica a nosotros. Nuestra vida es diferente, el Señor ya nos ha redimido y nos presentamos al Juez, después de nuestra muerte, bajo la mirada de Jesús, y esta mirada en parte será purificadora: creo que todos nosotros, en mayor o menor medida, necesitaremos ser purificados. La mirada de Jesús nos purifica y además nos hace capaces de vivir con Dios, de vivir con los santos, sobre todo de vivir en comunión con nuestros seres queridos que nos han precedido.

P. – Santidad, cuando las mujeres llegan al sepulcro, el domingo después de la muerte de Jesús, no reconocen al Maestro, lo confunden con otro. Lo mismo les pasa a los apóstoles: Jesús tiene que enseñarles las heridas, partir el pan para que le reconozcan precisamente por sus gestos. El suyo es un cuerpo real de carne y hueso, pero también un cuerpo glorioso. El hecho de que su cuerpo resucitado no tenga las mismas características que antes, ¿qué significa? ¿Y qué significa, exactamente, “cuerpo glorioso? Y en nuestra resurrección, ¿nos sucederá lo mismo?

R. – Naturalmente, no podemos definir el cuerpo glorioso porque está más allá de nuestra experiencia. Sólo podemos interpretar algunos de los signos que Jesús nos dio para entender, al menos un poco, hacia donde apunta esta realidad.

El primer signo: el sepulcro está vacío. Es decir, Jesús no abandonó su cuerpo a la corrupción, nos ha enseñado que también la materia está destinada a la eternidad, que resucitó realmente, que no ha quedado perdido. Jesús asumió también la materia, de manera que la materia está también destinada a la eternidad.

Pero asumió esta materia en una nueva forma de vida, este es el segundo punto: Jesús ya no vuelve a morir, es decir: está más allá de las leyes de la biología, de la física, porque los sometidos a ellas mueren. Por lo tanto hay una condición nueva, diversa, que no conocemos, pero que se revela en lo sucedido a Jesús, y esa es la gran promesa para todos nosotros de que hay un mundo nuevo, una nueva vida, hacia la que estamos encaminados. Y, estando ya en esa condición, para Jesús es posible que los otros lo toquen, puede dar la mano a sus amigos y comer con ellos, pero, sin embargo está más allá de las condiciones de la vida biológica, como la que nosotros vivimos. Y sabemos que, por una parte, es un hombre real, no un fantasma, vive una vida real, pero es una vida nueva que ya no está sujeta a la muerte y esa es nuestra gran promesa.

Es importante entender esto, al menos por lo que se pueda, con el ejemplo de la Eucaristía: en la Eucaristía, el Señor nos da su cuerpo glorioso, no nos da carne para comer en sentido biológico; se nos da Él mismo; lo nuevo que es Él , entra en nuestro ser hombres y mujeres, en el nuestro, en mi ser persona, como persona y llega a nosotros con su ser, de modo que podemos dejarnos penetrar por su presencia, transformarnos en su presencia. Es un punto importante, porque así ya estamos en contacto con esta nueva vida, este nuevo tipo de vida, ya que Él ha entrado en mí, y yo he salido de mí y me extiendo hacia una nueva dimensión de vida.

Pienso que este aspecto de la promesa, de la realidad que Él se entrega a mí y me hace salir de mí mismo, me eleva, es la cuestión más importante: no se trata de descifrar cosas que no podemos entender sino de encaminarnos hacia la novedad que comienza, siempre, de nuevo, en la Eucaristía.

Páscoa 2011

24 de Abril de 2011


A Natividade do Senhor

21 de Abril de 2011

(Ícone de Theófanes de Creta.1546. Mosteiro Stavronikita. Monte Athos. Grécia)
Texto bíblico: Lucas 2, 1-20
Deus manifestou-se nascendo, a Palavra toma cuerpo, o invisível se deixa ver, o intangível faz-se palpavel, o intemporal entra no tempo, o Filho de Deus se converte no Filho do Homem.” (Gregório Nancianceno, Sermão 38)
A MONTANHA
A cena está enquadrada por uma montanha em forma piramidal que se eleva em todo o espaço visual. É a montanha mesiânica tal como Isaías a profetizou: “o monte da casa do Senhor estará colocado à frente das montanhas, e dominará as colinas”… “ele levantará sua mão contra o monte Sião, contra a colina de Jerusalém”. “Não se fará mal nem dano em todo o meu santo monte, porque a terra estará cheia de ciência do Senhor”. Is 2, 2; 10, 32; 11, 9
A montanha do Senhor, resplandecente, vem ao mundo, trespassa e transcende cada colina e cada montanha, isto é a altura dos anjos e dos homens. A montanha é Cristo.
Em primeiro plano na montanha encontra-se sempre representada a Mãe de Dios. Isto significa que a montanha é também imagem da Virgem: “o monte Sião, monte de predileção”. (Sal 77, 68)
É “a montanha que Deus escolheu para morar” (Sal 67, 17). O centro da cena é ocupado por uma plataforma onde está Maria ajoelhada e a gruta do nascimento na qual Deus se manifesta. Nesta montanha, o novo Sinai, onde Deus se revela, Deus é aquele que está à entrada da gruta e a humanidade simbolizada por María pode ver a Deus cara-a-cara, sem tapar o rosto, pois Deus está sob o véu da carne em Jesús. Deus fez-se Homem. Deus faz-se visível e acessível ao homem. O que aconteceu a Moisés na revelação do Sinai foi exactamente o contrário, este se esconde na gruta e tapa o seu rosto à passagem de Deus, que só se lhe pode ver de costas, uma vez que o homem não pode resistir ao esplendor e à beleza divina. Por isso Deus se encarna, para poder fazer-se acessível ao homem e este possa ver a Deus sem medo e sem ter que tapar a cara.
OS ANJOS
Em cima encontram-se representados um grupo de anjos que cantam olhando para o céu e para a terra: “Glória a Deus nas alturas e na terra paz aos homens que ama o Senhor”. Representam a natureza angélica que acude ao extraordinário evento; um deles, destacado do grupo, está a falar com um ou mais pastores. Este anjo anuncia ao pastor a grande alegria da salvação e comunica-o estendendo a mão e fazendo o sinal da Encarnação-Trinitária: dois dedos juntos e três tocando-se pelas pontas. O seu significado é que a salvação vem de Deus Uno e Trino através da Encarnação de Cristo. O pastor e o anjo estão em diálogo: com a encarnação de Jesus, o mundo divino e o mundo humano iniciam um diálogo que nunca mais se perderá. Deus estará no meio dos homens, Ele mesmo lhes falará e cada homem poderá falar directamente com Deus, sem intermediários.
PASTOR
O pastor ou pastores representam o povo “que caminhava nas trevas e viu uma grande luz”. (Is 9, 1) Aos pés do pastor há uma criança tocando flauta, é a antítese da música celestial e faz referência a um hino da vigília: “Interrompendo o som das flautas pastoris, a armada celestial gritava…”.

Um dueto

4 de Outubro de 2010

Jesús

Cuando brilla el sol
Cuando sopla el viento
Quiero estar presente
Quiero darte mi atención

Y al anochecer
Hasta en el silencio
Quiero estar atento
Y escuchar así tú voz

Quiero que en mi viaje
Seas tú el camino
Seas el destino
Y el paisaje alrededor

Jesús
Eres todo para mi
No falta nada
Tu presencia es mi morada
Jesús
Puedo disfrutar en tí
Cada momento
Jesús…mi complemento

Quiero despertar
Ver un mundo nuevo
Y cada momento
La jornada disfrutar

Quiero caminar
Perder el aliento
Viendo la belleza
De las cosas que me das

Quiero que en mi viaje
Seas tú el camino
Seas el destino
Y el paisaje alrededor

Jesús
Eres todo para mi
No falta nada
Tu presencia es mi morada
Jesús
Puedo disfrutar en tí
Cada momento
Jesús…mi complemento

Quiero en tí confiar
Y en tus caminos siempre andar
Poniendo siempre la mirada
En tí jesús cada mañana
Para jamás volver atrás…jesús…

Eres todo para mi
No falta nada
Tu presencia es mi morada
Jesús
Puedo disfrutar en tí
Cada momento
Jesús…mi complemento

Eres todo para mi
Jesús…mi complemento

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